Petrificado
el cuerpo
Cuando el
alma se agita en ausencias;
De
motivos, de rostros
Y de sí
misma.
El silencio
cobija lo que siento,
Un silencio del
que emana
El olor, (tan familiar)
A sangre, a
incendio,
A dolor sin
motivos.
Confuso,
Morfeo se esconde.
¡Y vos!, baja curva del trastorno
Me presentas
en el espejo nebuloso de la memoria
Envejecido,
roto
Violento y
descompuesto.
Agua fría
golpea mis ojos,
Quiero anular
el letargo de los nervios,
Solo
reconozco, temblando
A Mi
identidad evaporada,
Que Se embriaga
de tu voz,
Sedosa en mi
piel malsana.
Acunada,
finges dormir
En mi
lóbulo, en mi boca,
En el sexo
abierto.
Con el
veneno brotando de las encías
Muerdes,
¡desgarras!
Lames las
heridas
Y te
alimentas del tejido que quiere ser cicatriz.
Transpiras tu licor y
Adormeces mi
conciencia.
No quiero
llorar en ningún cielo,
Te llamo,
rogando que renuncies a esto,
Que sigas
los pasos que te trajeron,
Para que no
alejes al sueño
y no ates más mi voluntad, a tus infiernos.
No puedo
decirte adiós
Sin caer en
las mentiras:
¡Depresión
Hijadeputa!
Solo ansío
ver tu muerte.

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