martes, 7 de enero de 2014

Mirada Interior

Petrificado el cuerpo
Cuando el alma se agita en ausencias;
De motivos,  de rostros
Y de sí misma.

El silencio cobija lo que siento,
Un silencio del que emana
El  olor, (tan familiar)
A sangre, a incendio,
A dolor sin motivos.

Confuso, Morfeo se esconde.
 ¡Y vos!, baja curva del trastorno
Me presentas en el espejo nebuloso de la memoria
Envejecido, roto
Violento y descompuesto.

Agua fría golpea mis ojos,
Quiero anular el letargo de los nervios,
Solo reconozco, temblando
A Mi identidad evaporada,
Que Se embriaga de tu voz,
Sedosa en mi piel malsana.

Acunada, finges dormir
En mi lóbulo, en mi boca,
En el sexo abierto.
Con el veneno brotando de las encías
Muerdes, ¡desgarras!
Lames las heridas
Y te alimentas del tejido que quiere ser cicatriz.
Transpiras tu licor y
Adormeces mi conciencia.

No quiero llorar en ningún cielo,
Te llamo, rogando que renuncies a esto,
Que sigas los pasos que te trajeron,
Para que no alejes al sueño
y no ates  más mi voluntad, a tus infiernos.
No puedo decirte adiós
Sin caer en las mentiras:
¡Depresión Hijadeputa!

Solo ansío ver  tu muerte.

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