Recuerdo claramente, cuando los albañiles que construyeron la que sería nuestra nueva casa, trabajaban bajo el sol, escuchando música gracias a una grabadora marca Sony de mi papá, que vomitaba incansable old school bachata. Recuerdo sobretodo, sus pláticas donde la mujer era lo mejor y ser mujer era lo peor, su particular jerarquía basada en la audacia con que se respondía un insulto.
“a los burros les gusta la sal” dijo E. , El maistro de obras de la construcción, un mediodía de sopa de res, tras observar al más idiota de sus ayudantes: C.C, sumergir dos cucharadas de sal en su plato de sopa. C.C. acostumbraba a hacer lo mismo casi todos los días, sin inmutarse ante las leves risas de sus compañeros, luego se quejaba de lo salado de la comida y sonreía como el más satisfecho de los idiotas cuando le decían burro.
Ahí aprendí la primer lección (sin saber que era una lección de muchas por venir) sobre lo estúpidos que solemos ser, nosotros los animales pensantes que nos vanagloriamos de miles de años de evolución. Sigo pensando que algún día vamos a despertar.
Creo que yo soy tan estúpido como C.C., con su mirada torva y su bigote púbero de espinas de sardina, maloliente y sumiso hijodeputa que jugaba mejor al Nintendo 64 que yo, aunque nunca lo dejé jugar con mi Nintendo, el maldito se sabía todos los trucos y todo lo que pasaría más adelante en cada parte del juego. Sé que por eso empecé a odiarlo un poco. Creo que todos somos tan estúpidos como él, solo que aprendemos a disimularlo. Todos le echamos dos cucharas de sal a la sopa y luego nos quejamos, solo que ciegamente hacemos lo primero y ruidosamente lo segundo, aunque no todo el tiempo sea sal ni sopa.
"Tal vez necesite un viaje astral, o experiencia extra corporal, como querás llamarle, para ver si realmente soy tan pendejo o es mi imaginación."
Me gustaba repetir ese tipo de mierdas frente al espejo, cada vez que me sentía enamorado. Palabra de mierda E-NA-MO-RA-DO. Si, sabía que lo estaba, no había una noche en que no pensara en ella, me memoricé la forma en que movía sus manos al hablar, también la posición de sus dientes, el segundo a la par de la primer muela izquierda estaba un poco torcido, sin embargo, si me lo preguntaran a mí, no se lo cambiaría. También pensaba en cómo había conocido mujeres más inteligentes, más alegres, más dispuestas a tomar mi mano y/o a revolcarse conmigo en algún Motel de bajo costo, pero ninguna me importaba y a ninguna determinaba, porque en el fondo yo sabía que ninguna era como ella.
“A veces me asombro de las mariconadas que decís”. Otra frase del monólogo frente al espejo, últimamente los tengo más seguidos.
A veces pienso tanto en ella, que creo que empiezo a confundirla con mis otros problemas, debo enfrentarlo, no tengo metas. No quiero una casa, no quiero un automóvil, no quiero vacaciones en Miami Beach. Quiero estar borracho, marihuaneado, lleno de comida, y si es posible, entre las piernas de una puta, pero sobre todo quiero morirme en medio de todos esos estados de placer infinito.
“¿A quién engañas? Nunca contratarías una puta, sos un maricón y no te gusta usar a las mujeres. Feminismo de mierda.” Otra sonrisa torcida frente al espejo.
Creo que todo lo que me falta, lo tiene ella. No sé cómo, ni por qué. Pero sé que si ella aceptara mi amor, todo mejoraría. Creo que ella tiene la culpa de mi falta de amor propio, creo que ha jugado un papel importante en mi disfunción eréctil cuando intento masturbarme. Sigo cansado de vivir.
Siento que nada vale la pena, todo se acaba, la memoria se extingue, el dolor no tiene sentido, nada concebible en mi realidad tiene un propósito, la vida es una constante búsqueda de distracciones mientras la muerte llega. Morirse no es un opción, es una obligación.
Morirse de amor, ¿habría algo más estúpido? Nadie se muere de amor, solo las personas dependientes, y se mueren porque son débiles mentales. Si, eso creía en un punto de mi vida. Y de hecho no voy a morir de amor, o mejor dicho no estoy muriendo de eso. Estoy muriendo porque me aburrí de vivir. Decidí tragarme los antidepresivos de todo el mes. Morir soñando. No sé si fue la mejor decisión, pero sé que voy a estar tranquilo. El infierno es una leyenda para asustar a los niños que dicen mentiras, (niños que crecen sin dejar sus temores atrás). Voy a morir y pasaré a la no-existencia. Todo estará bien.
A los burros les gusta la sal. Solo que a donde voy, no podré quejarme.

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