sábado, 20 de diciembre de 2014

Deformes me sonríen las palabras

Que procedas del cielo o del infierno, qué importa,¡Oh, Belleza! ¡monstruo enorme, horroroso, ingenuo! -Charles Baudelaire 



Nos juntamos alrededor del fuego
Ron Plata y Bob Dylan dirigían el culto
¿habrán conocido tus ojos otra terapia de grupo tan trillada?

Hay alacranes con la cara de mi padre,
hay un odio atávico
que camina como mi madre herida
con cal en su seno
y la criatura muerta en sus brazos.
Y todos entienden
la risa de mis tumores.  

Quemamos nuestros poemas
en la sed de tener un nombre digno sobre la lápida,
diluimos nuestras voces
con la sorna de no tener talento ni intenciones de sabios.
taladramos la renuncia en el cráneo de Cristo
y el materialismo nos cagó la alegría,
por temor a la poesía
nuestro ácido no quema flores de carne.

Lamerle los pies rosas a la belleza nos rompió,
nos devolvió mutilados
con la boca llena de relojes y dinero,
nos pudrió el niño que encerrábamos
para que nadie lo tocara.

Eurocentrismo en las papilas gustativas,
sexo crudo, drogas duras en las palabras
y amor en la mariconería profunda
que no le contamos a nadie.

Lloramos,
cada uno distraído viéndose las manos,
lloramos a través de la risa al comparar cicatrices,
lloramos al escupir tanto amor
con un: "maldita perra"
más sórdido y honesto
que cualquier te quiero.
Lloramos gracias al cinismo contracultural
que supone emborracharse pobremente. 

Todos los hombres son perseguidores
de un destino que no les pertenece,
usurpadores de una vida que no vivirán, 
y con ellos,
y por ellos:
brindo.

Vagar para encontrarse

Sos el brindis de las cervezas que chocan
sos la noche fresca de cualquier espacio
sos todos los héroes con la boca llena de alambre y reptiles
sos todos estos muertos que se ayudan a morir
el uno al otro, una y otra vez.


Sos la excepción
sos el único que busca amor
sos el ladrido de la psicología del no sentir
sos la mujer que pide, niño dopado en brazos,
por un mejor sol que calcine las huellas.

Sos la huida de los materialistas
en brazos de la barbarie y del poema,
sos las pastillas que tragas
para maniatar los pecados de la condición humana
sos el buscar culos decentes en las Iglesias
sos el cigarro a los 13 años por curiosidad
sos el bigote a medio salir,
vil ironía del mestizaje
que apremia la belleza normalizada.

Sos amigo y traidor sin besos de por medio,
sos el crucigrama sin terminar por el sistema educativo
sos las ganas de matar por ciertas pieles,
de ciertos animales que se rehúsan
a devolver los sueños a colores
y llevarse los insomnios.

Sos la inteligencia derrumbada
que no va a ningún lugar,
sos la verticalidad de la ciencia
usada en tu contra.

Sos el cliente asiduo de sucios moteles
que cree en el amor como la barca hundida
a la que jamás subió,
y de vez en cuando da miradas al mar,
por si acaso.

Sos tus propias manos vacías,
sos el rey Midas de la pudrición
sos tus dos novias y tu madre orgullosa.

Sos, entonces,
las comisuras resecas de tu boca dormida
y el esnifar la coca bicarbonatada,
inocente ebrio,
sos la luz del mundo,
y la  razón del miedo que convulsiona
a los ángeles de grandes ojos
y pechos fuertes que esperan tu llegada al cielo.

Tumba del fuego




arder triste en lo que nadie entiende
y llamarle amor.

encontré muertas mis ganas de existir
removí los escombros del aliento
como un niño ante el cadáver de su madre
buscándo señales de que algo todavía vive.

llorar entonces
por el sabor de las costras del parricidio,
para surgir hombre
(de nada, padre)
Me atreví a desnudar al acróbata ciego
que tengo en el cráneo,
y no fue suficiente.

en la tumba del fuego
pudren la tierra
estos sueños
y pequeños agujeros de gusano
que tienen que ver
con las venas dulces
que te atraviesan la cara
y con mi incapacidad para
hacerles correr sangre.

Huida



No quiero enfrentar el llanto de mi madre
y su posible demencia.
ni el cáncer que late en mí
no quiero enfrentar la acantosis nigricans
ni el hecho que eso es lo que más te repugna de mí.

no quiero despertar
no quiero salir de la cama
y ser persona.
no quiero ver la filmografía francesa de los
últimos 20 años
no quiero ver las fotografías que tomás,
corazón en mano,
cuando no estoy cerca.

no quiero salir a la calle
a pelear un futuro del que no soy parte.
no quiero darle calmantes
a los niños que caminan la cuerda floja de mis nervios.
No quiero condones.
No quiero limpiar la tumba de mi padre,
aunque así lo haya prometido.

Solo conozco el estado de suspensión
de la humanidad,
mi propia criogénesis de la ambición,
la inmóvilidad de mis dedos
entre un par de piernas cualquiera.

No quiero morir. 
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