Soy parte de un movimiento irregular, de un colectivo sin nombre, de una voz imperceptible pero latente.
domingo, 6 de enero de 2013
A ella
De algún modo limpié esta mirada de su sal
En un viento nocturno,
Soñé despierto
Y me emborraché de ilusiones tóxicas.
A ella, mezcla de carne y sueños
Escribo estas toscas líneas.
A ella, perfecta imperfección,
La extrañan los sentidos.
Cuán piadoso se ve el abismo,
A través del ojo revestido de ternura
Danzando en la cuenca de un corazón renaciente,
Parido de una luz con sabor a mujer.
El tiempo mismo se confunde
Avanzando a tropezones,
Y el sol opaco ante la luz de su pupila,
Se niega a salir.
Es en su boca que se suicida la primavera,
Incapaz de alcanzarla.
Niña, mujer y madre
Que abraza amorosamente,
Mientras las lágrimas,
Besan sus mejillas tibias.
Es el tinte de sus silencios,
Que destiñe a la naturaleza al compararla.
el espasmo poético de su risa ahogada,
enternece a un fuego olvidado,
que ilumina trémulo
a una habitación violada de sombras.
¿Cómo no morir?
en el arte de sangre y pureza
que dibuja su femineidad.
las estrellas pierden su nombre,
Cuando el cielo se vuelve espejo
Y la reflejan en el altar
En el que la superpone mi visión torcida.
¿Qué puede ofrecer, un loco,
a quién todo lo tiene?
¿Cómo pagarle a ella,
Que cura estas ausencias de alma?
Podría atreverme a regalarle:
mi humanidad, mi dolor anti natura y mi amor desconocido,
Ofrecerle mis manos heridas y mis suspiros.
Rogar con mis sienes una caricia de sus dedos,
y Flagelar cualquier amenaza que asome
desde la mitad podrida de mi corazón
Y esperar que un sueño dentro de un sueño
tenga gusto a realidad.
Versos para la mitad de una Musa.
I
¿Cómo explicarte, espejo cobarde, lo que no entiendo
Pero siento tan ligado a mis instintos?
Camina, Ella, la motivación de un terco, de un enfermo,
Haciendo que mi lógica contradiga toda lógica universal.
II
Abandono el mundo
En meditaciones absurdas
¡Ahí viene! Su figura cuasi erótica.
Desnuda, incitante; cubierta de ropa,
Pero desnuda.
Sinfonía sensorial, pasión
Amor de idiotas.
No te conozco,
pero sé lo que encierra ese semblante sereno,
en mi memoria permanecen sutilmente dibujados tus rasgos de miel caliente;
trazados en un lienzo infantil,
ignoto a la mirada tosca de la perversidad.
Jamás mis burdas palabras,
Ni mis agrios versos,
Han acariciado tu oído, sin embargo,
Te he querido, sin respeto ni cordura.
Sin cruzar palabras,
somos víctimas el uno del otro,
tú como mi utopía hecha mujer,
espíritu tangible,
carne derritiéndose en el paladar.
Yo, víctima de la mentira con el rostro tuyo,
marginal caricia en la distancia,
que me ata a esta locura de horas espesas,
en un manto mediocre, tejido con hilos voyeristas.
Y tu génesis, es mi mente mórbida.
Existes (afuera), todo el tiempo,
Cuando respiras sin estar viva.
Al tiempo que de tu sencillez,
Tan ajena a mi experiencia,
Aflora, todo lo que te vuelve anhelo.
¡Cuánto daño te voy haciendo!
Desde que mis pupilas te lamen salvajes y enloquecidas.
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