lunes, 13 de enero de 2014

Lejos


 a: M.

¿Qué lejanía conocerán los ojos
de distintas ventanas,
si contemplan las mismas resurrecciones?

Estar lejos se viene sobre mí,
como la idea de un animal herido
respirando por última vez,
sin aceptar la muerte.

Estar lejos,
del fuego de la vida
y de los cabellos negros del mundo,
que buscan ser tuyos.

Estar lejos parece inútil,
como vaciarse las venas
en el mar, podrido por la sangre,
de otros enfermos.

Estar lejos,
apagarse,
reír con los carroñeros
y creer que los párpados cosidos
son suficientes para no verte.

Lejos, tan lejos
como para provocar
que otros brazos arrullen tu sueño;
como para herir tu vientre
con mi cráneo consumido.

Estar lejos
como para que no me recordés nunca,
y pasar a ser una cicatriz
que has tenido desde siempre.

Estar tan lejos,
como para no volver a encontrarme nunca
a mí mismo.

Lejos como para no reconocerme
en los rostros de los niños,
ni en los corazones de las madres.

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