sábado, 20 de diciembre de 2014

Tumba del fuego




arder triste en lo que nadie entiende
y llamarle amor.

encontré muertas mis ganas de existir
removí los escombros del aliento
como un niño ante el cadáver de su madre
buscándo señales de que algo todavía vive.

llorar entonces
por el sabor de las costras del parricidio,
para surgir hombre
(de nada, padre)
Me atreví a desnudar al acróbata ciego
que tengo en el cráneo,
y no fue suficiente.

en la tumba del fuego
pudren la tierra
estos sueños
y pequeños agujeros de gusano
que tienen que ver
con las venas dulces
que te atraviesan la cara
y con mi incapacidad para
hacerles correr sangre.

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