"Yo que todo lo prostituí, aún puedo
prostituir mi muerte y hacer
de mi cadáver el último poema."
-Leopoldo María Panero.
a: M., que no te abarcarán nunca
mis pobres palabras.
es un ánima de polvo en mi garganta,
una matriz estéril
llena de árboles deshojados
y criaturas como sueños,
alimentando de luto las raíces
desde su propia muerte.
Veo mis espacios
ahora vacíos y
fríos de lejanía,
enfermos de una ausencia
nacida en el momento
que entendí quién era yo,
retorciéndome en el dolor de una de tus miradas.
Es la flor de la agonía,
quién se come mis pulmones,
al saber que no recordarás haber llorado con mis ojos,
y que las moscas de mi cadáver
no tocarán nunca tu corazón.
Derramarme desde tu clavícula
hasta tu omóplato, soñando;
y nunca haberte hecho el amor
es la única humanidad que me queda.
Debo hundirme en el tiempo
en las hebras oscuras de la memoria
en la maldad que nace
en los ríos fangosos de mi cuerpo,
en las venas y sus coágulos con nombre de mujer.
Serán entonces
tus favores róseos y divinos,
privilegios de otro.
Serán tus suspiros y tus risas,
una promesa de esperanza,
para alguien más.
Tendrás entonces
al amigo que merecías.
Ya ves, bella…
el último poema,
los últimos aullidos,
las últimas sábanas que conocerán mi sangre,
y sigo sin hacerle justicia,
al amor que no logré despertarte nunca.

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